3 DE ABRIL DE 1816
Después de la Batalla de Aucapuñuna (Santa Elena) el 26/03/1816 y de la escaramuza de Uspamayo, del día 27, Las tropas coloniales haciendo un amague de atrincherarse en la hacienda de Culpina estratégicamente se dirigieron a Yuquina, pensando que Camargo caería en la trampa urdida por Buenaventura Centeno y Andrés de Santa Cruz, Pero Camargo por el contrario se atrincheró en el cerro de Arpaja.
Buenaventura Centeno, comandando a los Voluntarios de Castro y al Real de Lima, el día 2 de abril a las diez de la noche, sigilosamente salió de Yuquina, dirigiéndose a Ingahuasi, dirigido por un conocedor del terreno, Josef Márquez y su sobrino, de tal manera que pudieron acceder y ascender al cerro de Arpaja sin ser advertidos por los patriotas. Cercando a la cima con cinco frentes, iniciaron el combate el día 3 de abril a Hs. 04:l5, Terminando el combate a las ocho de la mañana, e inician la decapitación de todos los patriotas heridos.
Cuando la Patria fue liberada, no quedaron muchos caudillos de las heroicas Republiquetas alto peruanas, y es comprensible que algunos presidentes de Bolivia, como Andrés de Santa Cruz y Calahumana, uno de los vencedores de Aucapuñuna y Arpaja, hubieran echado un manto de olvido sobre el benemérito Vicente Camargo.
Los siguientes cuartetos de romance, tratan de hacer un pequeño homenaje a don VICENTE CAMARGO, caudillo de la:
REPUBLIQUETA DE CINTI
Republiqueta de Cinti,
Sacúdete del letargo
Que flamea la bandera,
Del gran Vicente Camargo.
Del gran Vicente Camargo
Que se puede aseverar,
Con respaldo en documentos,
Nació en la Villa Imperial.
Es justicia que figure
Como los grandes eventos,
Del año sesenta y cuatro
Pero del mil setecientos.
Camargo a los dieciocho años,
Pa’l camino solo agarra
A su mejor compañera,
Su inseparable guitarra.
Para amansar al camino
Soltaba una poesía,
Que arrancaban de las cuerdas
Una bella melodía.
El no era un aventurero,
Ni buscador de tesoros,
Llegó buscando trabajo
A una hacienda en Moromoro.
Esa hacienda en Moromoro,
Del partido de Chayanta
En el norte potosino,
De mil gustos lo contrata.
Trabajador incansable
No lo espantaron desdenes,
Ni contraer matrimonio
Con separación de bienes.
A los diecinueve años,
En Moromoro se casa
Con una sexagenaria,
Y de nombre Nicolasa.
Doña Nicolasa Acosta
Viuda del cacique Herrera,
Quedó prendada del mozo
De la palabra sincera.
Nombrado Alcalde Pedáneo,
Siempre tuvo buenos gestos
Pa’l lugareño aborigen,
Hasta recaudando impuestos.
Algunos años más tarde,
A un hijastro le comprara
Con sus bienes gananciales,
La hacienda de Sacabamba.
La diferencia de edades
La convivencia socaba,
Y los celos por la moza
Que tenían por esclava.
Por esas desavenencias
Se disuelve el matrimonio,
Logrando de esta manera
Esquivar al manicomio.
Obrados del expediente,
Los firmó en un pentagrama,
Remedo en unas tres cuerdas
De su querida guitarra.
Fue que en esas circunstancias,
Que a su corazón embarga
El grito de independencia,
Del estallido de Charcas.
No se sabe a ciencia cierta,
Que estuviera en la ocasión
Del veinticinco de mayo,
Envuelto en la rebelión.
Pero estuvo en Cotagaita
Como también en Suipacha,
Como estuvo su pariente
Tupiceño: Pedro Arraya.
Con su guerrilla cinteña
Lo mantuvo con valor,
Sin salir de Cotagaita
Al ejército invasor.
Así desde Buenos Aires,
Pa’l Ejército Auxiliar
En las tierras abajeñas,
No hubo mucho que enfrentar.
En cualquier monte o quebrada,
Camargo supo caer
Sorprendiendo a los realistas,
Luego desaparecer.
Atacando en Tacaquira,
En Moyockocha, Sarcarca,
Higuerahuayco, en la Cueva,
Yurajcaballo ó la Palca.
El caudillo indiscutible
De todo Cinti, esos años
A teniente coronel,
Fue ascendido por Belgrano.
En su primer gran batalla
La fortuna no fue buena,
Eznarro de comandante
Lo derrota en Santa Elena.
Rondeau, en la tercer campaña
Del ejército auxiliar,
A Padilla y a Camargo
No deja participar.
Aduciendo que sobraban
Los más eficientes mandos,
Pero que necesitaba
Los subalternos armados.
Rondeau destina a Camargo,
Más por hacerlo de lado
Al partido de Chayanta,
Como de subdelegado.
Sólo tras el descalabro
Patriota de Sipe-sipe,
Pidió que en su retirada
Su retaguardia la cuide.
A inicio del nuevo año
Camargo pudo lograr
De reorganizar su tropa
Y con más ganas luchar.
Con Araoz de Lamadrid
Derrotaron en Yuquina,
A las fuerzas de los godos
En la pampa de Culpina.
La quebrada de Uturungo
El día dos de Febrero,
Le dio al gran pueblo cinteño
Regocijo verdadero.
En el corazón de Cinti
La gesta del guerrillero,
Saboreó el triunfo en Paspaya
Un dos y tres de febrero.
Pa’l Comandante Centeno
Y Joaquín de la Pezuela,
El perseguir a Camargo,
Es lo único que consuela.
Centeno, con su consigna
En pos de Camargo, toma
Rumbo para las doctrinas
De Santa Elena y La Loma.
Junto a varios regimientos
Curtidos, de infantería
Andrés de Santa Cruz iba
Frente a la caballería
Rastrillando por La Loma,
Intuyen que el guerrillero
Estaba por Santa Elena,
Y enfilan pa’ esos senderos.
Pa’l cerro de Aucapuñuna,
Muy cerca del mes de abril,
Que con sangre le advertía
Que se avecinaba el fin.
Era el veintiséis de marzo
Del año mil ochocientos
Dieciséis, como atestiguan
Con tanta sangre, esos cerros.
Iniciábase el martirio
De la guerrilla cinteña,
Con Ávila Rudecindo,
Caudillo de Santa Elena,
Ávila decapitado,
Esas aves de rapiña
Expusieron su cabeza,
En el camino a Culpina.
Otro gran patriota muerto,
Tan bravo como cien toros
Enfrentando al enemigo,
Fue don Miguel Santos Hoyos.
Manuel Díaz, prisionero
Que fue de caballería,
Cayó muerto a palo y piedra
Por los de la infantería.
Centeno, yendo a Culpina,
En Uspamayo se topan
Con partidas guerrilleras,
Que distraen a sus tropas.
Entonces urde un engaño
De replegarse a Yuquina,
Pensando dar la batalla
En la hacienda de Culpina.
Advirtiendo la maniobra
El guerrillero no baja,
Se atrinchera en las alturas
Escabrosas del Arpaja
Por Manuel Fernando Vaca,
Van a buscar al realista
José Márquez y el sobrino,
Dándole la mejor pista.
Para que en la noche oscura,
Llegue sin ser advertido
A la cima y, a Camargo
Sorprenderlo aún dormido.
Con cinco destacamentos
Corta las vías de escape,
Después de cercar el cerro
Da la señal del ataque.
Eran las cuatro y quince
Minutos de la mañana,
Que buenaventura inicia
La mayor, macabra hazaña.
Antes de que aclare el día,
Recrudece la batalla
Con fuego de infantería
Y a bayoneta calada.
Diezmado el bando patriota
Con centenares de heridos,
Ordenaron a la tropa
Que no salga nadie vivo.
La tarea de degüello
De los heridos, fue hazaña
De Centeno, que termina
A ocho horas de la mañana.
Camargo se bate a sable
Con los soldados realistas,
Pero cuando cae herido
Centeno lo decapita.
Para nuestra independencia,
Jamás hubo tan aciago
Día, con varios cientos
Patriotas decapitados.
Entre ellos, los oficiales
De probada lealtad
A don Vicente Camargo
Y a la santa libertad.
Avilés Pedro, Ferreyra
José Antonio, Aparicio
Vitorio y José Ramírez,
Sufriendo cruel martirio.
La gesta libertadora
Tuvo su primer gran baja,
En la pampa de Incahuasi
En la batalla de Arpaja.
Porque Vicente Camargo,
Del Ejercito auxiliar,
Que cayera en el combate
Fue el primer alto oficial.
El día que el sanguinario
Buenaventura Centeno,
Contra Camargo se ensaña
Execrando su veneno,
La inmolación de Camargo
Fue en curso del año, mil
Ochocientos dieciséis
Y en el día tres de abril.
La cabeza de Camargo,
Con el sable y el caballo,
Llevaron a Cotagaita
Pa’ Pezuela, de regalo.
Las otras partes del cuerpo
Que fueron descuartizadas,
En cada senda de lucha
Dejaron desparramadas.
Hecho preso el ponderado
Patriota, Pedro Nolasco
Villarrubia, es degollado
Públicamente en un acto.
Donde fueron fusilados,
Dos que pasaron de bando,
Para pelear por la patria
Con bandera de Camargo.
Bandera que es levantada
Algunos años más tarde,
Por Acebey y por Raya
Contra el invasor cobarde.
Sólo el corazón de Cinti
Tras un trago tan amargo,
Por un decreto de Sucre,
Pasó a llamarse “Camargo”.
Republiqueta de Cinti,
Pezuela, solo te ha herido
¡Te mató la indiferencia
Con la pluma del olvido!
Fanor Ortega Dávalos
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